Pedagogía de presión normativa y Pedagogía de la personalidad y de la vocación
Pedagogía
de presión normativa y Pedagogía de la personalidad y de la
vocación
Cuatro son las preguntas
esenciales del hombre en vista de sí mismo, que por el niño golpean
en la frente del maestro: 1°, ¿quién soy?; 2°, ¿qué quiero
ser?; 3°, ¿qué puedo ser?; 4°, ¿qué debo ser?. Ninguna de las
cuatro tiene respuesta definitiva ni que anticipe la experiencia
individual y para todas no haya una sino muchas respuestas.
El ¿qué quiero ser? Será
inmediatamente a la conciencia o es, por naturaleza, consciente, pero
ni único ni inequívoco y está condicionado por quién soy, qué
puedo ser y qué debo ser, en cuanto trasciende el mero verbo y el
puro deseo.
El conocimiento es menos que
la experiencia y la experiencia es menos que la realidad y a realidad
no es todo…
De los hábitos que va
adquiriendo el niño y el adolescente, dependen sobre todo las formas
de vidas actuales y futuras.
La pedagogía de las normas
abstractas viene de lo ideal al encuentro de lo real; la Pedagogía
de la personalidad, va de lo real al encuentro de lo real.
Por más realista que sea la
pedagogía, tendrá que responder a exigencias idealistas.
Se ha sostenido que educar es
preparar para la realización del destino que el educador juzga mejor
para sí. Cellérier señala como carácter común a toda Pedagogía
positiva la preparación del niño para realizar, en lo posible, el
ideal humano concebido por su maestro.
Resulta más difícil, aunque
parezca paradógico, descubrir la realidad niño y la realidad
hombre, que tener una concepción aceptable de lo que sería un
hombre como ideal. Más pronto se llega a la teoría de lo que se
quiere que a la teoría de lo que se es. Por eso, la Pedagogía nueva
nada agrega de esencialmente nuevo a los fines generales de la
enseñanza.
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